Isaac Asimov y la Fundación: una historia del futuro

En un mundo en guerra, un joven científico americano creó una saga de novelas que sigue cautivando la fantasía de millones de lectores.

En 1942, Isaac Asimov era un joven universitario de 22 años, hijo de una familia de emigrantes rusos procedentes de la ciudad de Petrovichi, cerca de la frontera de Ucrania.

Trabajaba en una base naval de Filadelfia, mientras terminaba su doctorado en química. Era regordete, tenía acné y llevaba gafas y, en cuanto a su carácter, presentaba todos los rasgos típicos de los superdotados. A saber: un carácter más bien intenso, una memoria infalible, un apetito casi insensato por el conocimiento y una pasión absorbente por la lectura que se había despertado en la pequeña tienda que sus padres poseían en Nueva York, bien abastecida de tebeos, novelas baratas y otras formas de literatura popular, y que le había llevado a consumir compulsivamente los libros de la biblioteca pública del barrio en el que había nacido.

Hija de esta primera pasión por la lectura, había llegado la pasión por la escritura.

Isaac Asimov
Isaac Asimov en 1965 (WIKIPEDIA)

Isaac Asimov: el escritor que estuvo a punto de no ser

A la altura de 1942, Asimov había alcanzado cierta fama en el mundo restringido de las revistas de ciencia ficción. Sin embargo, estaba algo descorazonado. A pesar de sus esfuerzos, las historias que había escrito apenas le habían reportado la modesta cantidad de 1300 dólares. Siguiendo la voz de la sensatez, había decidido abandonar la literatura y continuar con su doctorado en química. Su meta era ganar más dinero para poder casarse con su novia.

Sin embargo, un día, de camino a las oficinas del editor de una revista con la que colaboraba, Astounding Science-Fiction, el cual le había pedido una serie de historias, Isaac Asimov se acordó de Edward Gibbon, un historiador inglés. Gibbon había escrito a finales del siglo XVIII una impresionante historia de la decadencia del Imperio Romano, que había sido durante casi doscientos cincuenta años la obra de referencia para estudiar ese periodo concreto.

Asimov tuvo la idea de usar la monumental obra de Gibbon como plantilla para construir una historia de la decadencia de un imperio futuro, el imperio galáctico. Al llegar a su destino, le contó su idea a su editor. Los dos hombres elaboraron pronto una trama que incluía a un matemático, Hari Seldon, fundador de una ciencia que, en aquellos momentos, parecía descabellada: la psicohistoria.

Qué tiene esta bola, la psicohistoria, que a todo el mundo le mola

Faltaban algunos meses para que, al otro lado del Océano Atlántico, Alan Turing, en Bechley Park, una instalación secreta camuflada cuidadosamente como una granja, colocara las piedras fundacionales de la computación tal y como hoy la conocemos y, con ella, hiciera posible tratar, procesar e interpretar inmensas cantidades de datos.

La psicohistoria de Seldon se basa precisamente en eso: en predecir el futuro basándose en el estudio del presente.

En la ficción, Seldon concibe la idea de construir una fundación para salvar el conocimiento existente, salvándolo de la decadencia del imperio galáctico para acortar el periodo de caos y anarquía que, indudablemente, sobrevendría a la caída de Trantor, su gigantesca capital planetaria.

En 1942, apareció la primera historia de lo que después sería un clásico no ya de la ciencia ficción, sino de la literatura universal: la trilogía de la Fundación.

Ilustración retrofuturiso

Un clásico de la literatura universal al que le costó arrancar

Las ocho historias que componen este primer ciclo se publicaron entre 1942 y 1951, y fueron reunidas más tarde en tres libros: Fundación, Fundación e Imperio y Segunda Fundación. Paradójicamente, debido a la ineptitud de su primer editor, aquellos libros no se vendieron bien. Sin embargo, a mediados de los cincuenta, Asimov recompró los derechos de aquellas historias y los cedió al que sería la empresa editora de sus libros desde ese momento en adelante, Doubleday. Desde entonces, las tres novelas se convirtieron en una mina de oro, tanto para su autor como para los editores.

Las cantidades ingentes de seguidores con las que cuentan los libros probablemente se deba a algo muy obvio: a que están muy bien escritos. Durante generaciones, la fantasía de millones de lectores ha sido cautivada por las situaciones tramadas por el autor estadounidense. Asimov, en sus caóticas lecturas de infancia, había asimilado la manera de escribir, sólida, pero a la vez lúdica, de los grandes maestros del siglo XIX, como Dickens y los mecanismos narrativos de la cultura popular del siglo XX, especialmente del cine.

Por las páginas de la trilogía original desfila una serie de personajes memorables, especialmente el Mulo, en unas tramas que solo parecen fáciles por lo bien que las lleva su autor.

Una larga pausa de tres décadas

A principios de los cincuenta, cuando se publicó la última historia de la trilogía original, Isaac Asimov estaba un poco cansado del universo de Trantor. En 1981, sin embargo, cedió a las cariñosas presiones de los fans y de los editores y escribió una cuarta novela, convirtiendo la trilogía en tetralogía. Se trata de Los Límites de la Fundación (Foundation´s Edge) y, más tarde, Fundación y tierra. El éxito le animó a expandir la serie por detrás. Publicó en 1988 Preludio a la Fundación y dejó escrita antes de morir “Hacia la Fundación” que se publicó después de su muerte, a consecuencia del VIH que le habían contagiado durante una operación de corazón, en 1993.

De este modo, Isaac Asimov vinculó las historias de la fundación con su serie de los Robots (llamativamente, en el universo de Trantor no había robots).

La serie de la Fundación ha ejercido una influencia decisiva en muchos científicos o sobre personajes, como Elon Musk, que parecen salidos de la imaginación de Asimov. Especialmente sugestiva ha sido la idea de la psicohistoria. Técnicamente imposible hace casi cien años, cuando se publicó la primera historia de la Fundación, el Big Data y la capacidad de trabajar con enormes cantidades de información ha hecho posible acariciar el sueño de poder investigar con más profundidad las dinámicas sociales. Aunque, en el mundo real, no haya un Hari Seldon que se aparezca en su cúpula para advertirnos de los riesgos de jugar al aprendiz de brujo.

Las novelas de la Fundación han sido también objeto de varios intentos de adaptación al cine. En 1996, la productora New Line Cinema dejó muy avanzada una serie de películas basadas en las novelas, pero diferentes factores obligaron a abandonar la idea en favor de lo que también se convertiría en un fenómeno global: la trilogía de El Señor de los Anillos.

En 2022 se estrenó la adaptación, en forma de serie de televisión, de Apple TV.

In einer Welt im Krieg schuf ein junger amerikanischer Wissenschaftler eine Romansaga, die bis heute die Fantasie von Millionen von Lesern beflügelt.

Im Jahr 1942 war Isaac Asimov ein 22-jähriger College-Student, Sohn einer russischen Emigrantenfamilie aus der Stadt Petrowitschi nahe der ukrainischen Grenze.

Er arbeitete auf einem Marinestützpunkt in Philadelphia, während er seine Promotion in Chemie abschloss. Er war pummelig, hatte Akne, trug eine Brille und wies charakterlich alle typischen Merkmale eines Hochbegabten auf. Das heißt: ein ziemlich intensiver Charakter, ein untrügliches Gedächtnis, ein geradezu wahnsinniger Wissensdurst und eine fesselnde Leseleidenschaft, die in dem kleinen Laden seiner Eltern in New York geweckt worden war, der mit Comics, billigen Romanen und anderen Formen der Populärliteratur gut bestückt war, und die dazu führte, dass er zwanghaft die Bücher in der öffentlichen Bibliothek in seinem Geburtsviertel verschlang.

Aus dieser ersten Leidenschaft für das Lesen entwickelte sich eine Leidenschaft für das Schreiben.

Isaac Asimov
Isaac Asimov en 1965 (WIKIPEDIA)

Isaac Asimov: der Schriftsteller, der er fast nicht war

1942 hatte Asimov in der begrenzten Welt der Science-Fiction-Magazine eine gewisse Berühmtheit erlangt. Dennoch war er etwas entmutigt. Trotz seiner Bemühungen brachten ihm die Geschichten, die er geschrieben hatte, nur bescheidene 1300 Dollar ein. Der Stimme der Vernunft folgend, beschloss er, die Literatur aufzugeben und seinen Doktor in Chemie zu machen. Sein Ziel war es, mehr Geld zu verdienen, damit er seine Verlobte heiraten konnte.

Eines Tages jedoch, auf dem Weg zum Büro des Redakteurs einer Zeitschrift, für die er arbeitete, Astounding Science-Fiction, der ihn um eine Reihe von Geschichten gebeten hatte, erinnerte sich Isaac Asimov an Edward Gibbon, einen englischen Historiker. Gibbon hatte im späten 18. Jahrhundert eine beeindruckende Geschichte des Niedergangs des Römischen Reiches geschrieben, die fast zweihundertfünfzig Jahre lang als Referenzwerk für die Erforschung dieser Zeit galt.

Asimov hatte die Idee, Gibbons monumentales Werk als Vorlage für eine Geschichte des Niedergangs eines zukünftigen Imperiums, des Galaktischen Imperiums, zu verwenden. An seinem Zielort angekommen, erzählte er seinem Verleger von seiner Idee. Die beiden Männer arbeiteten bald eine Handlung aus, an der ein Mathematiker, Hari Seldon, beteiligt war, der eine Wissenschaft begründete, die damals noch weit hergeholt schien: die Psychohistorie.

Was hat der Psychohistorie von Gutes?

Einige Monate entfernt, auf der anderen Seite des Atlantiks, legte Alan Turing in Bechley Park, einer geheimen Einrichtung, die sorgfältig als Bauernhof getarnt war, den Grundstein für die Computertechnik, wie wir sie heute kennen, und ermöglichte damit die Behandlung, Verarbeitung und Interpretation riesiger Datenmengen.

Seldons Psychogeschichte basiert auf genau dieser Grundlage: der Vorhersage der Zukunft auf der Grundlage der Untersuchung der Gegenwart.

In der Fiktion hat Seldon die Idee, eine Stiftung zur Rettung des vorhandenen Wissens zu errichten, um es vor dem Zerfall des galaktischen Imperiums zu bewahren und so die Periode des Chaos und der Anarchie zu verkürzen, die zweifellos auf den Fall von Trantor, seiner gigantischen planetarischen Hauptstadt, folgen würde.

Im Jahr 1942 erschien die erste Geschichte dessen, was später ein Klassiker nicht der Science-Fiction, sondern der Weltliteratur werden sollte, die Foundation-Trilogie.

Ein Klassiker der Weltliteratur, der nur schwer in Gang zu bringen war

Die acht Geschichten, aus denen dieser erste Zyklus besteht, wurden zwischen 1942 und 1951 veröffentlicht und später in drei Büchern zusammengefasst: Foundation, Foundation and Empire und Second Foundation. Aufgrund der Unfähigkeit ihres ersten Verlegers verkauften sich diese Bücher paradoxerweise nicht gut. Mitte der 1950er Jahre kaufte Asimov jedoch die Rechte an diesen Geschichten zurück und gab sie an den Verlag Doubleday weiter, der fortan seine Bücher verlegen sollte. Von da an wurden die drei Romane zu einer Goldgrube sowohl für den Autor als auch für die Verleger.

Dass die Bücher so beliebt sind, hat wahrscheinlich einen ganz offensichtlichen Grund: Sie sind sehr gut geschrieben. Seit Generationen wird die Fantasie von Millionen von Lesern von den Plots des amerikanischen Autors gefesselt. Asimov hatte in seiner chaotischen Kindheit die solide und doch spielerische Schreibweise von Meistern des 19. Jahrhunderts wie Dickens und die erzählerischen Mittel der Populärkultur des 20. Jahrhunderts, insbesondere des Kinos, verinnerlicht.

Jahrhunderts, vor allem des Kinos. Die Seiten der ursprünglichen Trilogie sind gefüllt mit einer Reihe denkwürdiger Figuren, vor allem dem Mulo, in Handlungen, die nur deshalb einfach erscheinen, weil sie vom Autor so gut gehandhabt werden.

Eine drei Jahrzehnte währende Lücke

Anfang der 1950er Jahre, als die letzte Geschichte der ursprünglichen Trilogie veröffentlicht wurde, war Isaac Asimov des Trantor-Universums ein wenig überdrüssig. Doch 1981 beugte er sich dem liebevollen Druck von Fans und Verlegern und schrieb einen vierten Roman, der die Trilogie zu einer Tetralogie machte. Dies war Foundation’s Edge und später Foundation and Earth. Der Erfolg ermutigte ihn, die Serie weiter auszubauen. 1988 veröffentlichte er “Prelude to the Foundation”, und vor seinem Tod schrieb er “Towards the Foundation”, das erst nach seinem Tod veröffentlicht wurde, da er sich 1993 bei einer Herzoperation mit HIV infiziert hatte.

Auf diese Weise verband Isaac Asimov die Foundation-Geschichten mit seiner Roboterserie (interessanterweise gab es in Trantors Universum keine Roboter).

Die Foundation-Reihe hatte einen entscheidenden Einfluss auf viele Wissenschaftler oder Persönlichkeiten wie Elon Musk, die Asimovs Fantasie entsprungen zu sein scheinen. Die Idee der Psychohistorie war besonders anregend. Vor fast hundert Jahren, als die erste Geschichte der Foundation veröffentlicht wurde, technisch unmöglich, haben Big Data und die Möglichkeit, mit enormen Informationsmengen zu arbeiten, es möglich gemacht, den Traum von einer tieferen Untersuchung der sozialen Dynamik zu hegen. Auch wenn in der realen Welt kein Hari Seldon in der Kuppel erscheint, um uns vor den Gefahren zu warnen, die mit dem Spiel des Zauberlehrlings verbunden sind.

Die Foundation-Romane waren auch Gegenstand mehrerer Versuche einer Verfilmung. Im Jahr 1996 hatte New Line Cinema eine Reihe von Filmen auf der Grundlage der Romane in Arbeit, aber verschiedene Faktoren zwangen dazu, die Idee zugunsten dessen aufzugeben, was ebenfalls zu einem weltweiten Phänomen werden sollte: die Herr der Ringe-Trilogie.

Im Jahr 2022 wurde die Adaption in Form einer Fernsehserie auf Apple TV veröffentlicht.

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