Walk like an Egyptian: Mika Waltari y Sinuhé

En 1945 un finlandés consiguió viajar en el espacio y en el tiempo. Su aventura sigue cautivando la imaginación de millones de lectores hoy en día.

Finlandia es un país pequeño, de apenas cinco millones y medio de habitantes, fronterizo con Rusia. Quizá su posición con respecto al resto de los países de Europa le haya dado a su cultura una huella de excentricidad. Baste un ejemplo: la pasión nacional de los fineses es el tango, hasta el punto de que se ha desarrollado una variante propia, el tango finlandés.

Mika Waltari en 1934
Mika Waltari en 1934 (WIKIPEDIA)

LA GESTA DE ABRIL DE 1945

En abril de 1945, con las cenizas de la Alemania nazi humeando después de la segunda guerra mundial, se produjo en una pequeña localidad finesa, Hartola, apenas a unos cientos de kilómetros en línea recta de lo que hoy es San Petersburgo, lo que no podemos calificar de otra manera que de hazaña literaria.

Un funcionario del Ministerio de Información de Finlandia, llamado Mika Waltari, que había sido un periodista y crítico con cierta popularidad durante el periodo de entreguerras, viajó a la casita de campo que su suegra tenía en Hartola y se encerró a escribir en el ático. Durante los siguientes tres meses y medio no paró de escribir todos los días, de nueve de la mañana hasta las cuatro o las cinco de la tarde, produciendo la asombrosa cantidad de veinticinco o veintiséis folios diarios. Fue un estado febril de felicidad y creatividad que no se interrumpió ni siquiera con la muerte de la madre de Waltari. Su mujer organizó todos los preparativos para el funeral, Waltari asistió a él y, acto seguido, volvió a encerrarse en su ático de Hortola para continuar escribiendo en el mismo punto en el que lo había dejado el día anterior.

Entre tanto, Mika Waltari tuvo tiempo de escribirle cartas de amor a una amante, llamada Helena Kangas, con el pleno consentimiento de su esposa, por cierto. La mujer sabía que su marido necesitaba de ese estado de enamoramiento y euforia durante el proceso de la escritura. Waltari era un hombre muy estricto consigo mismo y escribir libros con frecuencia ponía a prueba su salud mental, hasta el punto de que, al terminar los libros, frecuentemente había necesitado ingresar en un hospital afectado por fortísimas depresiones.

A principios de agosto de 1945, Mika Waltari envió el manuscrito (en total más de mil páginas) a su editor. El cual, es obvio, debió de quedarse tan atónito como todos los demás millones de lectores que vinieron tras él. Mika Waltari había escrito una obra maestra, llena de color, de erotismo, de aventura, con una hondura humana que apelaba al corazón humano y a los sentimientos universales. Por no hablar de la asombrosa precisión histórica, prácticamente impecable a los ojos de todos los egiptólogos.

EGIPTO: UNA PASIÓN ANTIGUA

Quizá Waltari pudo escribir el libro tan deprisa porque su erudición sobre el antiguo Egipto era extensísima. En el momento de escribir Sinuhé tenía treinta y siete años. Llevaba desde los catorce leyendo sobre el antiguo Egipto. Se había enamorado de la historia antigua de ese país cuando llegaron a Finlandia las noticias sobre el descubrimiento de la tumba de Tutankamón por el inglés Lord Carnarvon. El flechazo por aquella cultura extinta y tan alejada de la fría Finlandia debió de ser parecido al que une aún a los finlandeses por una música tan ajena como el tango.

En el pasado, el editor de Waltari había tendido a cortar determinados fragmentos de sus libros, al considerarlos demasiado arriesgados (sexuales) pero aquel libro escrito en tres meses y medio de frenesí pasó a las prensas con las mínimas correcciones y se publicó ese mismo mes.

El cartel de la adaptación de Sinuhé el Egipcio (WIKIPEDIA)
El cartel de la adaptación de Sinuhé el Egipcio (WIKIPEDIA)

Sinuhé el Egipcio se convirtió no solo en el libro más famoso de su autor, sino en el libro más famoso de la literatura finlandesa y en la única novela escrita en ese país que ha sido adaptada en Hollywood (fue en 1954, después de que el erotismo de la novela original fuera convenientemente limado).

Cuenta la historia de Sinuhé, un médico del antiguo Egipto contemporáneo del faraón Akhenaton. Por sus ojos, vemos el país de los faraones, al que los egipcios llamaban Kemi (tan parecido a Suomi, que es el nombre con el que los finlandeses conocen a su país). De su mano conocemos a personajes inolvidables, como su madre, Kipa, o Nefer Nefer Nefer, la pérfida prostituta egipcia sobre la que se cobra la debida venganza; o Horemheb, el hijo del halcón, o Minea, o el esclavo tuerto Kaptah.

Si para Mika Waltari escribir el libro fue una experiencia inolvidable, también lo es para cualquier lector, independiente de su edad, que tendrá la sensación de vibrar con un cuento indescriptiblemente hermoso, con muy pocos paralelos en la historia de la literatura universal.

Como sucede con todas las obras maestras, Sinuhé el Egipcio se convierte para el lector en un mapa que ayuda a conocer el corazón y la historia de los seres humanos. Lo mismo que los lectores de la posguerra mundial se sintieron identificados con este médico de vuelta de todas las utopías, así podrán sentirse los lectores de hoy.

Solo queda envidiarles por haber tenido la ocasión de leer por primera vez este clásico.

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Im Jahr 1945 gelang es einem finnischen Mann, durch Raum und Zeit zu reisen. Sein Abenteuer fesselt bis heute die Fantasie von Millionen von Lesern.

Finnland ist ein kleines Land mit nur fünfeinhalb Millionen Einwohnern, das an Russland grenzt. Vielleicht hat seine Lage im Vergleich zum übrigen Europa seiner Kultur einen Hauch von Exzentrik verliehen. Die nationale Leidenschaft der Finnen ist zum Beispiel der Tango, und zwar so sehr, dass sie ihre eigene Variante, den finnischen Tango, entwickelt haben.

Im April 1945, als nach dem Zweiten Weltkrieg noch die Asche des Naziwahns schwelte, ereignete sich in der kleinen finnischen Stadt Hartola, nur wenige hundert Kilometer Luftlinie vom heutigen St. Petersburg entfernt, etwas, das man nur als literarische Meisterleistung bezeichnen kann.

Ein Beamter des finnischen Informationsministeriums namens Mika Waltari, der in der Zwischenkriegszeit ein bekannter Journalist und Kritiker gewesen war, reiste zum Haus seiner Schwiegermutter in Hartola und schloss sich auf dem Dachboden ein, um zu schreiben. In den folgenden dreieinhalb Monaten schrieb er jeden Tag von neun Uhr morgens bis vier oder fünf Uhr nachmittags ohne Unterbrechung und produzierte dabei sage und schreibe fünfundzwanzig oder sechsundzwanzig Seiten pro Tag. Es war ein fieberhafter Zustand des Glücks und der Kreativität, der auch durch den Tod von Waltaris Mutter nicht unterbrochen wurde.

Seine Frau traf alle Vorkehrungen, Waltari nahm an der Beerdigung teil und ging dann zurück in sein Dachboden in Hortola, um dort weiterzuschreiben, wo er am Vortag aufgehört hatte.
In der Zwischenzeit hatte Mika Waltari Zeit, Liebesbriefe an eine Geliebte namens Helena Kangas zu schreiben, übrigens mit dem vollen Einverständnis seiner Frau. Die Ehefrau wusste, dass ihr Mann diesen Zustand der Verliebtheit und Euphorie während des Schreibens brauchte. Waltari war sehr streng mit sich selbst, und das Schreiben von Büchern stellte seine geistige Gesundheit oft auf die Probe, so dass er nach der Fertigstellung der Bücher häufig mit schweren Depressionen ins Krankenhaus eingeliefert werden musste.

Anfang August 1945 schickte Mika Waltari das Manuskript (insgesamt mehr als tausend Seiten) an seinen Verleger. Dieser muss natürlich genauso verblüfft gewesen sein wie all die anderen Millionen von Lesern, die nach ihm kamen. Mika Waltari hatte ein Meisterwerk geschrieben, voller Farbe, Erotik, Abenteuer, mit einer menschlichen Tiefe, die das menschliche Herz und universelle Gefühle ansprach. Ganz zu schweigen von der erstaunlichen historischen Genauigkeit des Werks, das in den Augen aller Ägyptologen nahezu makellos ist.

Vielleicht konnte Waltari das Buch so schnell schreiben, weil sein Wissen über das alte Ägypten so umfassend war. Zum Zeitpunkt des Schreibens war Sinuhe siebenunddreißig Jahre alt. Er hatte seit seinem vierzehnten Lebensjahr über das alte Ägypten gelesen. Er hatte sich in die altägyptische Geschichte verliebt, als die Nachricht von der Entdeckung des Grabes des Tutanchamun durch den Engländer Lord Carnarvon Finnland erreichte. Die Liebe zu dieser ausgestorbenen Kultur, die so weit vom kalten Finnland entfernt war, muss ähnlich gewesen sein wie die Liebe zu einer so fremden Musik wie dem Tango, die die Finnen immer noch verbindet.

In der Vergangenheit hatte Waltaris Verleger dazu geneigt, bestimmte Teile seiner Bücher zu kürzen, weil er sie für zu gewagt (sexuell) hielt, aber dieses Buch, das in rasenden dreieinhalb Monaten geschrieben wurde, ging mit minimalen Korrekturen in Druck und wurde noch im selben Monat veröffentlicht.
Sinuhe der Ägypter wurde nicht nur das berühmteste Buch des Autors, sondern auch das berühmteste Buch der finnischen Literatur und der einzige in Finnland geschriebene Roman, der in Hollywood verfilmt wurde (das war 1954, nachdem die Erotik des ursprünglichen Romans angemessen ausgebügelt worden war).

Es erzählt die Geschichte von Sinuhe, einem Arzt im alten Ägypten, der ein Zeitgenosse von Pharao Echnaton war. Durch seine Augen sehen wir das Land der Pharaonen, das die Ägypter Kemi nannten (so ähnlich wie Suomi, der Name, unter dem die Finnen ihr Land kennen). Aus seiner Hand begegnen wir unvergesslichen Figuren, wie seiner Mutter Kipa oder Nefer Nefer Nefer, der perfiden ägyptischen Prostituierten, an der die gebührende Rache geübt wird, oder Horemheb, dem Sohn des Falken, oder Minea oder dem einäugigen Sklaven Kaptah.

Wenn das Schreiben des Buches für Mika Waltari ein unvergessliches Erlebnis war, so ist es auch ein unvergessliches Erlebnis für jeden Leser, unabhängig vom Alter, der das Gefühl hat, in einer unbeschreiblich schönen Geschichte mitzuschwingen, die in der Geschichte der Weltliteratur nur wenige Parallelen hat.

Wie alle Meisterwerke wird auch Sinuhe, der Ägypter, für den Leser zu einer Landkarte, die ihm hilft, das Herz und die Geschichte des Menschen zu verstehen. So wie sich die Leser der Nachkriegswelt mit diesem aus allen Utopien zurückgekehrten Arzt identifiziert haben, so können es auch die Leser von heute.

Wir können sie nur darum beneiden, dass sie die Gelegenheit hatten, diesen Klassiker zum ersten Mal zu lesen.

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